
El día en que el internet se apague, ¿estaremos preparados?
25 mayo, 2026El mundo lleva años preparándose para ataques cibernéticos. Pero el próximo gran apagón digital podría no venir de hackers, sino de una tormenta solar, una ola de calor extrema, una erupción volcánica o un cable submarino roto en medio del océano. Un nuevo informe respaldado por Naciones Unidas advierte que, cuando eso ocurra, el mayor problema no será quedarse sin internet: será descubrir cuántas cosas dependen de él.
“¿Qué pasaría si nuestros sistemas digitales fallaran?”, Doreen Bogdan-Martin, secretaria general de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) explicó a los periodistas en Ginebra. “En este momento no podríamos transmitir esta conferencia de prensa. Probablemente las luces de esta sala se apagarían… Los sistemas de pago dejarían de funcionar y las llamadas de emergencia tendrían dificultades para conectarse”.
El informe* plantea una advertencia inquietante: la vida moderna depende de sistemas digitales tan profundamente interconectados que una sola interrupción puede desencadenar fallas en cascada a través de redes eléctricas, hospitales, bancos, transporte y comunicaciones.
Y es que en el caso de un apagón digital, las consecuencias se sentirían de inmediato en casi todos los aspectos de la vida diaria: los hospitales podrían perder acceso a historiales médicos electrónicos y a sistemas para coordinar camas y ambulancias; los cajeros automáticos y pagos con tarjeta podrían fallar, dejando a personas sin efectivo y obligando a comercios a cerrar; las transacciones financieras podrían rechazarse, afectando importaciones y cadenas de suministro; aviones, barcos, vehículos autónomos y puertos operarían con fuertes retrasos al perder navegación satelital y software logístico; e incluso sectores como la agricultura de precisión podrían detenerse, con posibles efectos sobre la producción y distribución de alimentos.
“Los sistemas digitales se han vuelto tan integrados en nuestras vidas”, dijo Bogdan-Martin, “que apenas los notamos (…) hasta que fallan”.
El informe describe este escenario como una posible “pandemia digital”: un colapso a gran escala de infraestructuras digitales críticas para el cual los sistemas actuales de gestión de riesgos simplemente no están preparados.
No es un tema de ficción
El informe insiste en que muchas de estas amenazas no son hipotéticas. Algunas ya ocurrieron, aunque a menor escala, y factores como el cambio climático están aumentando el riesgo.
En 2022, la erupción volcánica de Hunga Tonga-Hunga Ha’apai cortó el único cable submarino internacional de Tonga y dejó al país prácticamente incomunicado durante semanas.
En 1989, una tormenta geomagnética dejó sin electricidad a millones de personas en Quebec.
Y en Europa, las olas de calor recientes ya han provocado fallas en centros de datos y redes eléctricas sometidas a temperaturas extremas.
La diferencia hoy es la dependencia. Hace décadas, una falla tecnológica podía ser grave pero localizada. Ahora, una interrupción en un sistema puede extenderse rápidamente a muchos otros.
“Si se cae el sistema eléctrico, las telecomunicaciones dejan de funcionar”, explicó Kamal Kishore, representante especial para la Reducción del Riesgo de Desastres. “Cuando las telecomunicaciones dejan de funcionar, los cajeros automáticos dejan de funcionar”.
Ese efecto dominó es el centro de la preocupación del informe. Las interrupciones digitales rara vez permanecen aisladas: tienden a propagarse en cascada. Según los datos citados, hasta el 89% de las interrupciones digitales vinculadas a desastres naturales son causadas por efectos secundarios y no por el impacto inicial. El número de personas finalmente afectadas, advierte el informe, puede ser hasta diez veces mayor que el de las inicialmente expuestas.



